Esencia

Relato SonOro juega con la palabra. Produce pequeños textos poéticos, también cuentos. Observa, lee y comenta lo que otros hacen, para alimentarse. Y anima a algunos pocos a divertirse con la palabra.

lunes, 21 de marzo de 2016

Lenguas vernáculas: música de nuestra casa

Durante unos meses estuve redactando notas para la REVISTA CULTURAL SONO. Tristemente alguien hackeó la página, solo sabe usted que es real hasta que le sucede, y toda la información se perdió en la inmensidad de la virtualidad. Su director y creador, Manuel Estévez, ha perseverado valientemente en su misión, así que continúa su labor como periodista. Aquí el enlace de su nuevo portal web:


En un gesto entre nostálgico y esperanzador, recojo los frutos del pasado para continuar construyendo el presente. Esta nota fue originalmente publicada en julio del 2014.


Según el diccionario online de la Real Academia de la lengua, vernáculo quiere decir de nuestra casa o país. Significado que encaja a la perfección con el especial sonido del álbum 'Lenguas Vernáculas', primer trabajo discográfico del colectivo El Último Boabdil. Tanto la grabación como el lanzamiento se llevaron a cabo muy recientemente en Matik - Matik, espacio cultural en el que, desde hace poco más de seis años, suenan las bandas urbanas más destacadas y originales en cuanto a música experimental e improvisación se refiere. Y como en nuestra casa confluyen influencias provenientes de distintas geografías, el sonido de 'Lenguas Vernáculas' también está repleto de sonidos de diversa naturaleza. El formato instrumental de la banda, conformado por voz líder, coros, bajo, batería, percusiones, violín, guitarra, charango, flauta caucana, secuencias y procesos, es en sí mismo el encuentro de diferentes tradiciones. La voz líder, a cargo de María Mónica Gutiérrez, además de emitir textos y pronunciar palabras con significados que se relacionan con el ambiente sonoro de los diez temas que conforman el álbum, ofrece una rica exploración tímbrica, rítmica y expresiva que la convierte en un instrumento más, dejando un poco de lado aquel típico papel vocal de narrar historias, transmitir sentimientos y ubicarse jerárquicamente por encima del resto del formato. El violín, a cargo de Catherine Yara, hace vibrar melodías de corte muy lírico, contrastando hermosamente con texturas ruidistas, ejecutadas por Benjamin Calais. La guitarra, interpretada por Nicolás Mejía, hace sonar melodías que se repiten una y otra vez, inquietantes bucles que se transforman gradualmente o que desaparecen de repente. La batería y las percusiones de Camilo Bartelsman, muchas veces en sincronía rítmica con el bajo de Carlos Quebrada, aportan elementos del rock progresivo y del punk a esta particular y sincrética sonoridad total. Alejandro Durán, a través del charango y la flauta caucana, interviene con líneas influenciadas por músicas tradicionales colombianas y latinoamericanas. Andrés Gualdrón, acompañando en 'Bakari Nari' a María Mónica, contribuye con gritos y frases de corte contemporáneo. Estos textos son haikús, poemas japoneses de tres y cinco versos, por lo cual las palabras se aprecian más por su calidad sonora que por su significado. Los integrantes de El Último boabdil definen muy acertadamente ese encuentro único de sonoridades disímiles como una “música de retaguardia”. Los instrumentos dialogan entre sí, improvisan, y todos aquellos géneros que han calado en estos ocho artistas intervienen en las conversaciones, sin el pretexto de hacer fusiones o crear un nuevo género. Simplemente hacen uso de las herramientas que conocen para crear ambientes muy emocionales, que crecen y decrecen, se descuelgan súbitamente, nos sorprenden sin preaviso. 'Fansi Culim', que ya cuenta con un video muy poético lleno de color, es un equilibrado tejido de capas sónicas, unas graves y densas, otras muy agudas y delicadas, construidas a punta de reiteraciones en transformación. En 'Baño salvaje' la voz y el charango generan una suerte de tenso trance, desembocando en frases sucias y sonidos ásperos. Exitendo una invitación para escuchar por ustedes mismos. Vale la pena deleitarse con esta música de nuestra casa.

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