Esencia

Relato SonOro juega con la palabra. Produce pequeños textos poéticos, también cuentos. Observa, lee y comenta lo que otros hacen, para alimentarse. Y anima a algunos pocos a divertirse con la palabra.

domingo, 27 de octubre de 2013

Otros paisajes

En el año 2009
se estrenó la película
EL VUELCO DEL CANGREJO.


Yo fui a verla porque conozco a Miguel Vargas,
el sonidista.
Tal como mi madre
tengo la manía de las comparaciones,
ella a su manera, yo a la mía.
Viendo EL VUELCO
me acordé mucho de cuando,
muchos años atrás,
vi EL OLOR DE LA PAPAYA VERDE.
Para ese entonces yo sentí
que esa era una película
muy diferente a todas las demás.
Muchas imágenes, pocas palabras.
Un ritmo laaargo y sostenido,
contadas acciones.
Una relación de similitud conmigo misma,
por aquello de la velocidad,
y un claro contraste con mi caracter,
por aquello de la escasez de palabras.


En el 2011 estuve viviendo en Villavicencio.
Fue una experiencia increíble,
y muy difícil también.
Con tan solo un año de estadía
pude dimensionar un poco más país,
pude darme cuenta de lo cerrada que puede ser
la percepción que se tiene del territorio
viviendo toda la vida en la ciudad,
en la capital,
perteneciendo a la cómoda clase media.
Tengo muy claro que no quiero vivir en Villavicencio.
Pero quedé con muchas ganas
de seguir conociendo el país.
Tal vez el mundo entero.

Foto extraida de www.panoramio.com
Hoy fui a las salas de cine
del centro comercial Avenida Chile
a ver CAZANDO LUCIÉRNAGAS.
Otra vez Miguel involucrado en la producción,
esta vez como director de sonido.
Él, en un lindo gesto, me invitó.
Y yo asistí por él, claro está,
pero también porque me parece importante
apoyar el cine colombiano.
Voy poco a salas de cine,
aunque me encantan las películas,
pero cuando es una producción colombiana,
hago juiciosa la tarea.
Porque si la película no es vista
la bajan de cartelera
y más personas pierden la posibilidad
de verla.
No es nacionalismo,
muchísimo menos un COLOMBIA ES PASIÓN.
Es un simple lema que rige mi vida.
Si yo quiero que la gente
asista a un concierto para escucharme
yo quiero hacer lo mismo con los otros.
Porque si predico, aplico,
porque la cosecha depende de la siembra.


Pero yo quiero es hablar del país.
Porque eso fue lo que quedó resonando en mi cabeza.
Así son las regiones de Colombia.
Abandono.
Paisajes alucinantes.
Soledad.
Calma y tranquilidad.
Limitaciones.
Pocas expectativas de vida.
Resignación.
Recursos naturales al infinito.

Últimamente, con todo este asunto
del PARO AGRARIO CAMPESINO
he conversado con amigos y amigas
de la triste situación del campo colombiano.
Los campesinos no obtienen lo suficiente
y unos pocos ganan por montón.
Y entonces se convierte en ideal de vida
venir a vivir al monstruo.
Porque aquí está el movimiento económico,
aquí están las posibilidades laborales,
aquí está la actividad cultural.
Estando en el llano
yo vi mucho dinero a mi alrededor
pero tan mal invertido,
tan malgastado...
Se ve como aceptable
un único modelo de vida,
no hay chance de ser un poquito diferente.
Esta peli de las luces voladoras
me hizo recordar de mi deseo 
de seguir conociendo más país,
porque ya lo había olvidado.
Es que al estar lejos de la capital
la extrañé tan profundamente
que al principio hasta disfrutaba
que me estrujaran en el transmilenio.

Foto extraida de www.semana.com
Pero este asunto del campo
es una conversación larga y compleja.
Y yo en realidad lo que quiero decirles
es que recomiendo ver esta película.
Porque el PARO AGRARIO CAMPESINO
no ha cesado.
Es una actitud que podemos conservar.
Comprando nacional.
Consumiendo nacional.
Difundiendo nacional.
Ser colombiano
no se trata solamente
de ponerse una camiseta color sol.

LAS PELÍCULAS NACIONALES SON ORO.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Hablando de música infantil

MúSiCA PaRA iNFaNtEs:
TAmBiÉN CUeSTióN DE GraNdES

María del Sol Peralta Vasco
y Edson Velandia Corredor
son personajes con similitudes y contrastes.

Foto extraida del perfil facebook de María del Sol.

Han habitado una misma escena artística, la música infantil, y se han desempeñado como profesionales en el mismo campo laboral, la educación. Ambos han ofrecido espectáculos para el público familiar y ambos se han relacionado con niños, padres y profesores en espacios pedagógicos y lúdicos diversos.

María del Sol tiene una voz suave y dulce, tanto al hablar como al cantar. El sonido de Edson es más ronco, más áspero. Igualmente dispares son sus historias de vida y sus producciones musicales. A los dos escucho con placer y a los dos admiro, por ser comprometidos y consecuentes en su labor.

Estos extremos,
con sus particulares intersecciones,
son mi punto de referencia para hablar un poco de
la música infantil colombiana:
un tema fundamental
para la construcción de un país más feliz.

Foto extraida del perfil facebook Ser feliz, creciendo feliz.

Creciendo juntos

En el proceso de desarrollo del infante, el adulto ha de convertirse en su amigo fiel (como le canta Woody a Andy). Tener un hijo va más allá de alimentar la cría, darle un techo y pagarle una buena educación. Se trata también de acompañar genuinamente a ese ser humano, siendo al mismo tiempo su guía y su aprendiz. María del Sol da gran importancia a esta pareja, idealmente inseparable, y por ello en sus montajes considera, no solo el disfrute de los niños, sino también el gozo de los mayores que están a su lado. Se dirige a ellos de manera directa, invitándolos a hacer parte del convite.

Pa' arriba pues papás”,
dice con acento mexicano la tortuga Prudencia,
a ver si los gigantes se paran por un rato
a zapatear, a brincar y a dar vueltas
al lado de los más enanos.

(Prudencia es un personaje de “Con...¡cierto animal!,
segundo montaje de la colección
María del Sol, música y libros para la familia”)

Echar mano de la tradición oral, aquella información oculta en lo más recóndito de la mente y del corazón, es también una muy útil herramienta. María del Sol ha presenciado, en talleres y en conciertos, cómo cada vez que una canción tradicional es interpretada, algo especial se activa en el adulto. Los que habían permanecido en un estado de enajenación de repente se incorporan, porque la música y las palabras han tocado fibras muy profundas, seguramente cargadas de recuerdos y de afectos.

El gallo pinto se durmió, y esta mañana no cantó,
todo el mundo espera su kokorikó,
el sol no salió porque aún no lo oyó.

Edson también se interesa por incluir a los adultos en sus conciertos. Para que hagan parte activa del compartir con los pequeños. Para que se “sollen” un rato cantando y bailando con ellos. Para recordar en conjunto que el espíritu infantil, ese “juego por el juego, esas ganas de estar feliz”, también nos puede pertenecer, alimentar y movilizar, por muy grandes que seamos. Velandia, aplicando esta lógica juguetona para componer canciones infantiles, logra encantar con igual fascinación a todo el público asistente. Porque todos somos portadores de un niño interior, así la imagen suene a lugar común. Él no piensa en una estética específica ni en una función determinada al escribir. Los procesos se dan de manera orgánica, la canción simplemente va ocurriendo. Construye con sonidos y palabras un espacio de juego y felicidad, en el cual se encuentra toda la familia y toda la comunidad.

María del Sol y Edson, a pesar del abismo que hay entre sus temperamentos, coinciden en asumir la música infantil pensando al infante en conexión indisoluble con el adulto. Chicos y no tan chicos creciendo juntos, alimentándonos a la par los unos de los otros.

Hay un dicho, de tinte un tanto machista,
que reza que detrás de un gran hombre,
siempre hay una gran mujer.
Pues bien,
detrás de todo niño
hay siempre un adulto que lo acompaña.

Ese adulto es la principal referencia que el niño posee del ser humano, del cual copiará la mayoría de las actitudes y del cual tomará gran parte de los principios y valores. Así que, a la hora de hacer música infantil, no pueden ser olvidados sus acudientes, hay que dirigirse a ellos de manera directa y trabajar por invitarlos a hacer parte del mundo del niño activa y participativamente.

Foto extraida del perfil facebook de María del Sol.

Cuatro por mil: ¡huraño!!!

(El título proviene de un fragmento
de la canción “Las tablas”,
compuesta por Edson Velandia)

Mi interés particular por la música infantil colombiana proviene de mi cotidianidad. A nivel profesional, me he desempeñado como profesora de música. He trabajado mucho con la primera infancia. Para hacer mis clases me he visto en la necesidad de aprender infinidad de canciones infantiles. Los colegas han sido una fuente importante para la conformación de mi repertorio de trabajo (agradecimiento especial a Clara Calderón). He compuesto algunas cosas. También he emprendido la tarea de investigar y preguntar, aquí y allá, por cosas nuevas y diferentes, pues siento una predilección hacia lo raro, hacia lo poco común. He procurado escoger siempre canciones que me cautiven, ya que la experiencia me ha mostrado que a los niños les encanta la repetición, la adoran. Lo que les gusta lo piden mil veces, parecen no cansarse.

Si uno quiere divertirse también y al mismo nivel,
ha de interpretar esa canción predilecta
cuantas veces los niños la soliciten.
Sin aburrirse en el intento.

Y hablo del aburrimiento porque, en esa exploración de músicas para interpretar en el salón de clases, me he encontrado así mismo con muchas producciones que no me entretienen en lo absoluto. Curiosamente, esas canciones que a mí me parecen aburridas, son las que más comúnmente encuentro en los anaqueles de las instituciones educativas. Canciones construidas con objetivos específicos que dejan en el olvido al goce, cuando el goce es el real norte. Canciones para trasmitir reglas y comportamientos a seguir. Canciones para reforzar los desarrollos motrices e intelectuales de los niños (dos por dos: ¡cuatro!!!). Canciones para edificar genios y canciones que parecen un elogio a la tontería, a la banalidad. Canciones para aprender a tocar un instrumento, canciones para dar lecciones morales. Canciones para dar instrucciones. Y aunque hay canciones muy divertidas que satisfacen estos objetivos, o melodías muy hermosas que tienen la clara función de acompañar momentos de la vida cotidiana, como levantarse, irse a dormir, vestirse o ducharse, su valor estético no está en su utilidad. Su belleza proviene de esa naturaleza risueña que el artista usa como motor para componerlas. El peligro del asunto está en que los niños pueden llegar a enamorarse de esas canciones “faltas de espíritu”, construidas con lógicas en exceso sistemáticas. Porque, como bien dice Edson, “un niño es feliz con muy poco”. Algo bien parecido piensa María del Sol. Yo, por mi parte, también lo he podido comprobar. Esa capacidad de bastarse con lo mínimo es realmente maravillosa. Pero no es razón para no perseguir calidad, alma y autenticidad en las canciones infantiles.

Foto extraida del perfil facebook de Edson Velandia

Repito y repita se fueron al mar

Una de las razones por las cuales los niños gustan de la repetición es porque la aparición de un mismo elemento les permite sentirse familiarizados con algo. Se agarran de lo conocido para poder seguir explorando el mundo alrededor sin tanto temor. María del Sol me contó que a este tipo de elementos se les llama los objetos transicionales. Transición del hogar a los espacios colectivos. Si una canción específica trae al niño el recuerdo de su madre arrullándolo, pues se convierte en un objeto transicional: cantarla y escucharla le da seguridad.

Pero así como los pequeños gustan mucho de la repetición, también necesitan de la novedad. No podemos proporcionarles siempre lo mismo. Su curiosidad es tan inagotable como su energía. Así que la música infantil se vuelve un asunto de gran destreza, pues requiere de la repetición y de la innovación en la justa medida. No se trata de ensayos complejos y de estudios minuciosos e interminables. Vale la pena contrarrestar esta probabilidad de laberinto con lo más básico y lo más orgánico: el gusto y el disfrute propios.

Profesores y padres, amigos y familiares:
las canciones que cantamos a nuestros niños
han de maravillarnos a nosotros también, no hay otra salida.
Porque la música para infantes es también cuestión de grandes.

Foto extraida del perfil facebook de María del Sol.

Ahí va la serpiente

María del Sol, música y libros para la familia” es una colección creada en el 2008 en alianza con la editorial Alfaguara. Los ejemplares incluyen un libro y un disco. El grupo Cantaclaro, junto con María del Sol, ofrecen un espectáculo interdisciplinar, en donde aparecen las historias contenidas en el libro y en el disco. El proyecto cuenta ya con tres producciones: “Sana que sana”, “Con...¡cierto animal!” y “Tomatina Curatodo. Cura nada sin amor”.

Sana que sana” es, básicamente, una recopilación de canciones y versos tradicionales. Para su realización se contó con la participación de “Palabras que acompañan”, un programa de retribución social liderado por Patricia Correa y financiado por el laboratorio GlaxoSmithKline, productores del medicamento Dolex. El sonido y la palabra como fuentes sanadoras físicas y emocionales reales, es el lugar a partir del cual se estructura la producción. Yo he utilizado este material frecuentemente en mi trabajo, y he podido presenciar de cerca el poder que tiene la tradición oral, convocando y reuniendo a toda la colectividad.

Aserrín, aserrán, los maderos de San Juan”.
Los ojos se iluminan.
A la rueda rueda de pan y canela”.
Las sonrisas se dibujan.
A mi burro, a mi burro le duele la cabeza”.
Los poros se abren más y las pieles tersas brillan.

Todas estas tonadas conocidas son elementos con los cuales guardamos cierta relación afectiva. De alguna secreta esquina del inconsciente se extiende un lazo, y de repente nos sentimos identificados con la canción.

Es posible que aquello de los objetos transicionales
siga teniendo su efecto en nosotros,
por muy adultos que ya seamos.

La forma en la que son presentadas las canciones que escucho en “Sana que sana” también me deleita. Porque esas cantinelas tradicionales yo ya las he escuchado muchas veces en versiones que considero pobres y vacías. Secuencias mal trabajadas, arreglos pseudocaribeños mal logrados, voces infantilizadas, estilizadas o sencillamente desafinadas. El sonido de “Sana que sana” está hecho con amor, con calidad y con dedicación. Hay un claro sentido musical, hay un sólido soporte pedagógico. Y es de los pocos trabajos de música infantil hechos a consciencia, pensando en el beneficio de los niños y de toda la familia, con un considerable éxito comercial hasta el día de hoy. Es relativamente fácil encontrarlo en librerías (Panamericana), supermercados (Éxito) y discotiendas (Prodiscos).

Sin embargo, como ocurre con el equilibrio que ha de haber entre repetición y novedad, la tradición oral no puede convertirse en el único material a trabajar con los pequeños. Requerimos el otro lado de la balanza. Ellos y nosotros necesitamos refrescarnos, escuchar otras cosas. A mí me hace reír y carcajear pensar en una serpiente, proveniente de tierras calientes, que además está demente y cuyos alimentos son el plátano y el aguardiente. Pero quiero alimentarme de otras cosas.

Padres, maestros y acudientes:
vale la pena oxigenarse, renovar el repertorio,
componer, inventar, investigar.
Respirar otros vientos, ir más allá.

Foto extraida del perfil facebook Ser feliz, creciendo feliz.

¡Pilas, papá!!!

(Fragmento de la canción “Pilas”,
compuesta por Edson Velandia)

Sócrates”, producción discográfica del 2007, es un trabajo musical tierno y entretenido, alejado de toda estética típicamente infantil, realmente algo muy original, un nuevo aire. Diez canciones lo conforman, escritas a manera de ronda por el maestro Velandia.

Edson nació en Bucaramanga, y por un tiempo estudió allí Composición Musical. Su actual morada es un rancho en Piedecuesta, población a escasos 15 minutos de distancia de la capital santandereana, donde comparte vida con su hijo y con su mujer. Intuyo que es por ese contexto de tipo campesino que sus dinámicas de funcionamiento son muy del color de la naturaleza misma: desprevenidas, sin abusos metódicos, poseedoras de un orden flexible y de una estructura consistente pero maleable. Las letras de “Sócrates” son muy particulares. Contienen rima y poseen ritmo, son depuradas y muy cuidadas, sin llegar a ser excesivamente especializadas y claramente alejadas de ser insustanciales. Son ocurrentes y retadoras, como un trabalenguas. El propio Edson me contó que a los niños les causaba gracia pronunciarlas. Las historias provienen de experiencias personales del compositor, poseedor de aquella magia para partir de las anécdotas, amasarlas, adobarlas y cocinarlas para, finalmente, volverlas una canción. Hay algunas con música muy enérgica (“Sócrates”, “Pilas”, “Ni más ni menos”), conscientemente alejadas de la disonancia, del ruido y del conflicto. Otras son más arrulladoras y apacibles (“La montaña”, “El colibrí”, “Moisés”), indiscutiblemente portadoras de gran calma. Son cantos de cuna que no se conforman simplemente con tener tímbricas hipnóticas, al mejor estilo de la colección “Babies Love” y su interminable lista de versiones de los clásicos del pop, interpretadas por carrillones, campanas, ocarinas y flautas. Estas canciones hechas por Velandia poseen melodías elaboradas, tranquilas y mitigadoras, acompañadas de desempeños instrumentales versados mas no exhibicionistas. Esta producción es un justo equilibrio entre complejidad y sencillez.

Actualmente, Velandia tiene más canciones para niños, con las cuales piensa sacar su segunda producción dirigida a tan especial público. En los últimos días las ha estado interpretando en algunas localidades de la capital, pues el IDARTES (Instituto Distrital para las Artes) se interesó en contratarlo para dar conciertos y algunos talleres, en el marco de la reciente iniciativa de invertir mucho más en la infancia. Celebro el hecho de que por parte de la administración distrital haya intenciones y acciones para permitir que las diversas disciplinas artísticas hagan parte del mundo cotidiano de los pequeños, sobretodo aquellos pertenecientes a los estratos socioeconómicos más bajos. Porque cada vez que he detectado un especial interés en difundir repertorios de música infantil diferentes y más diversos, han sido más las voluntades personales el origen, y no las decisiones tomadas por una institución o plantel educativo.

Hágale cosquillas al que esté a su lao
para que no esté malhumorao
rásquele la panza para que se ría
de tarde, de noche, de noche y de día”.

(Fragmento de la canción “Pilas”,
compuesta por Edson Velandia)

Foto extraida del perfil facebook del Undécimo encuentro.

El Movimiento Colombiano de la Canción Infantil

Hay una notoria subvaloración de todo lo relacionado con el mundo infantil, eso es un hecho. La oferta de música infantil que se encuentra en las calles aún es bastante limitada, en variedad y en calidad. Esto podría llegar a malinterpretarse, como para pensar que no hay artistas interesados en hacer música infantil de manera responsable y seria. Lo que ocurre es que, al igual que sucede con muchos otros productos y servicios culturales de carácter no comercial, el asunto de la baja difusión no permite lograr una cobertura tan significativa en cantidad. Sin embargo, en el pequeño nicho, se siente con fuerza la actividad, y hay que aprovecharla para que crezca.

El Movimiento Colombiano de la Canción Infantil (MCCI) nació en 1998 y es, en gran medida, resultado de la intención de ese nicho por conformarse de manera más estructurada. Jorge Sossa, Charito Acuña, Carmenza Botero, Mayte Ropaín y Marco Guerrero hacen parte del actual comité. Algunos otros artistas han estado involucrados: Jairo Ojeda, Pitti Martínez, Tita Maya. La labor del MCCI se ha centrado, básicamente, en la organización de eventos, de tipo artístico y académico, que promueven la canción infantil. El Movimiento de la Canción Infantil Latinoamericana y Caribeña (MOCILYC), creado en 1994 y con el cual el MCCI guarda una estrecha relación, realiza cada dos años un encuentro, en donde se dan cita diversos artistas latinoamericanos creadores e intérpretes de canciones infantiles. Este año el evento (Undécimo) tendrá lugar en Colombia. La programación cuenta con 37 agrupaciones nacionales y 46 internacionales. Las cifras sorprenden gratamente.

María del Sol está en la lista de artistas participantes, conoce a muchos de los que también darán conciertos en dicho encuentro y ha hecho parte activa del movimiento. Edson muy recientemente se enteró de la existencia del MCCI. Lo que pasa es que Velandia no está dedicado exclusivamente a la composición de canciones infantiles, y aunque ha sido profesor por años, no es esa su vocación, ha sido más bien una circunstancia de vida, un asunto de necesidad. Él es un músico interesado en componer. Y ya. No ha empleado mucha energía en el tema de la distribución o del posicionamiento en el ámbito comercial, pedagógico o institucional. Cree que su función es hacer canciones, y si se concentra lo suficiente en ello, el resto irá sucediendo, como la vida, como los mandalas, como esta investigación. Al preguntarle por otras figuras colombianas, hacedoras de canciones infantiles, menciona a Jorge Velosa y a Andrea Echeverri, artistas que como él han compuesto obras para niños de forma eventual, sin llegar a ser ese su único campo de acción.

Fotos extraidas de los perfiles facebook de Edson y María del Sol.

Hay tela de dónde cortar

A sabiendas del gran material a disposición, ya no hay manera de quejarse por la escasez. Está el MCCI, con una importante trayectoria y un crecimiento que satisface, así como algunos otros artistas que, a pesar de estar por fuera del movimiento, han creado piezas invaluables. Eso sí, hay que hacer el esfuerzo de visitar otros centros culturales, puede ser la biblioteca Luis Ángel Arango, puede ser alguna de las 20 sedes de BIBLORED, y hurgar el catálogo en búsqueda de nuevas opciones para ofrecer a los niños. Hay que frecuentar otros lugares, diferentes a los que nos topamos por accidente en el camino del trabajo al hogar, si es que queremos pescar bichos exóticos: Musiteca, Tornamesa, Tango Discos, etc. Una vez más, será una intención personal, pues los centros educativos, que es en donde los niños pasan la mayor parte de su tiempo, aún están lejos de querer asumir ese cometido: la adquisición de materiales interesantes para cantar junto con los infantes.

Vale la pena que los pequeños se nutran, tanto de la tradición oral, proveniente del pasado, como de la actualidad musical infantil, proveniente del presente. Nosotros, los mediadores, hemos de asumir esa responsabilidad, que no es solamente con los otros sino también con nosotros mismos.

Dejemos de regalarnos aburrimiento y mediocridad.
Obsequiémonos diversión, juego y felicidad.
Porque la música para infantes
es también cuestión de grandes.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

El carnaval de los animales

Y seguimos con las recomendaciones,
con las referencias a los trabajos de otros,
pues en Relato SonOro
aún andamos en proceso
de observación y decodificación,
avanzando de a pocos
para desembocar pronto en la producción.
Imagen extraída de la página oficial
de Marianne Dubuc.
Un flamenco disfrazado de jirafa.
Bueno.
Pues este año fue tan variado como agitado
para SonOro
Yo estuve desplazándome de un lado para el otro
aprendiendo de muchos lugares y de muchas personas.
Entre otras cosas tuve la grandiosa oportunidad 
de dictar un taller de mandalas
en la biblioteca pública de Venecia de BIBLORED,
una experiencia maravillosa y muy enriquecedora.
Y como la vida se comporta como la red,
en donde una cosa siempre lleva a la otra,
y así hasta el infinito,
pues los mandalas me llevaron
a la lectura inesquivable
de algunos ejemplares encontrados en aquél lugar.
Uno de mis primeros hallazgos:
"El carnaval de los animales".
Imagen encontrada
en www.editorialjuventud.es
Utilicé el libro, no solo en las clases dictadas
en la escuela de iniciación musical "My Symphony",
si no en mi segundo acercamiento
a la promoción de lectura
haciéndome cargo por unas sesiones
de la HORA DEL CUENTO
en la librería y papelería Nobel.
Mi llegada a tan acogedor lugar
es producto de otra cadena de acontecimientos
que no tiene caso narrar en este momento.
Imagen encontrada
en www.editorialjuventud.es
Las cadenas están presentes no sólo en mi vida,
también aparecen en la ficción, en los libros.
Este cuento sin igual
posee una forma narrativa encadenada,
y pido permiso a los literatos
para hacer tal afirmación
pues no es más que mera deducción personal
no basada en ninguna teoría antes investigada.
Imagen encontrada
en www.editorialjuventud.es
Los adultos, por fortuna, no dejamos de ser niños,
así que mostré este libro
a cuanta persona se me fuera
atravesando en el camino.
Por doquier produjo carcajadas,
halagos y admiración.
En LA HORA DEL CUENTO de la librería Nobel,
donde oficialmente lo publicité,
me hizo falta un poco más de creatividad
para vincularlo con una actividad plástica
igualmente imaginativa.
Ya llegará el momento de proponer
algo bien demente, bien apropiado.
Imagen encontrada
en www.editorialjuventud.es
Hasta el día de hoy,
siete meses después de tener lugar
la hermosa sorpresa literaria,
este cuento de Marianne Dubuc
en ilustraciones y en texto
sigue siendo uno de mis predilectos.
Imagen encontrada
en www.editorialjuventud.es
Ausente de moralejas moralistas
el cuento es una sucesión
de ideas chifladas que originan
imágenes sencillas y coloridas,
sin palabras de más ni adornos ostigantes.
Aquí lo que hay es pura contundencia.
Imagen encontrada
en www.editorialjuventud.es
¿Será una invitación a disfrazarnos más seguido?
¿Será una insinuación para jugar a ser otros?
¿O acaso una reflexión para probar alteridad
y así experimentar cómo es que se siente
estar en las pieles de los otros?
Como las obras de arte que sobreviven
a diversos tiempos, épocas y culturas
este cuento es un abanico de posibilidades
con abierta y libre interpretación.
Mi anécdota, por supuesto,
tiene como objetivo dejarlos con el antojo 
para que lo busquen, lo compren o lo alquilen.
Y que este cuento infantil
sea el eslabón de una cadena de lecturas sin fin.
Buen provecho.
Imagen encontrada
en www.editorialjuventud.es