Esencia

Relato SonOro juega con la palabra. Produce pequeños textos poéticos, también cuentos. Observa, lee y comenta lo que otros hacen, para alimentarse. Y anima a algunos pocos a divertirse con la palabra.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

JARDÍN DE AMAPOLAS, O LA PROEZA DE HACER CINE EN COLOMBIA

El ser humano es un animal capaz de sobrevivir en diversas circunstancias. Así sean violentas. Construimos hábitos en base a las características de nuestro entorno. Y a diario repetimos una secuencia de actividades que son la base de nuestro proceso de adaptación. Estamos hechos de costumbres. Solamente nuestra mente, origen de maravillas y desgracias, nos pide aferrarnos tercamente a aquello que ya es ausencia, perdiendo un poco esa extraordinaria flexibilidad. Y al mismo tiempo terminamos por consentir la realidad tal cual es. Así sea violenta.
Foto de Angélica Morales Mora
Cada cual escoge en qué medida y de qué manera transformar y aceptar el mundo. Optamos por una profesión, que en buena parte determina nuestra forma de vida. El arte es uno de esos caminos. Y así como aplaudo a los bailarines por la disciplina que llevan para ejercer su labor, admiro enormemente a los realizadores audiovisuales por todo el arduo trabajo que implica sacar a la luz pública una producción.
Foto de Angélica Morales Mora
En día pasados estuve conversando con tres de los personajes involucrados en la realización del largometraje “Jardín de Amapolas”: Angélica Morales (script), Carlos López (asistencia de dirección) y Miguel Vargas (sonido directo). Asistí a la proyección para prensa en el teatro Royal Films San Martín. Y al salir, una extraña mezcla de sentimientos me habitaba. Satisfacción por haber presenciado una película colombiana de excelente calidad. Conmoción por las cruel situación expuesta en la historia, que aunque es ficticia, se basa en hechos reales vividos y presenciados por el director del filme, el ipialeño Juan Carlos Melo. Ternura por la presencia de sus protagonistas, Simón y Luisa, quienes a pesar de verse directamente afectados por el conflicto armado que agobia a la región en donde viven, no paran de jugar y de soñar, inventando curiosas estrategias para colorear sus días. Rabia e impotencia por reconocer una vez más la triste situación de guerra en la cual se encuentra, no solo Nariño, si no el país entero. A nivel mundial son evidentes las injusticias y los abusos perpetuados, incluso son sabidos los nombres propios de sus autores. Aún así, son innumerables los crímenes cometidos en estado de impunidad. Y una suerte de esperanza, una especie de ilusión, por saber que hay gente interesada y empeñada en participar activa y creativamente en la construcción de la memoria colectiva. Necesitamos conocer, reconocer y entender nuestra historia. Necesitamos perdonar, claro está. Pero como diría el filósofo y escritor español Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana, y también algunos otros ilustres personajes, quien olvida su historia está condenado a repetirla. Necesitamos abandonar la violencia como costumbre.
Foto de Angélica Morales Mora
Chirimoya Films (www.chirimoyafilms.com) participó en la coproducción de “Jardín de Amapolas”. Con Angélica y Carlos, integrantes de este “Laboratorio Audiovisual para un Cine Libre”, estuvimos hablando un poco del lugar que creemos que tiene el llamado séptimo arte en nuestra sociedad. A sabiendas de las exorbitantes cifras de dinero que se requieren para hacer una película, y conscientes de la cantidad de personas que viven por debajo del nivel de pobreza en nuestro país como contraste, ambos tienen la firme convicción de que vale la pena seguir apostándole al cine nacional. A nivel individual, no conciben sus vidas de otra manera, el cine es su pasión. Y a nivel colectivo, consideran que es indispensable tener otra perspectiva de los acontecimientos. Como bien lo ha dicho el propio Juan Carlos, es una necesidad escuchar la historia desde el punto de vista de las víctimas, porque los medios de comunicación comerciales, tristemente los más populares, cuentan la historia desde la óptica de los victimarios, originando muy sutilmente una cierta idolatría de los mismos ante los espectadores. Esos mismos medios se han empeñado en polarizar a la ciudadanía, porque así como es más fácil controlar a un pueblo ignorante, es conveniente dividirlo para aminorar su poder. La pertenencia a un partido político específico, o la simpatía para con el mismo, se ha convertido en una excusa para asumir a ese “oponente” como a un enemigo, al que debo odiar y combatir hasta la muerte. Se propaga así una idea equivocada de lo que es la política, confundiéndola con el partidismo. En la película aparecen en igual medida tanto paramilitares como guerrilleros, grupos armados al margen de la ley tan comúnmente vinculados a la derecha extrema o a la extrema izquierda. No se establece ningún juicio de valor, pintando a unos como los “malos” o a los otros como los “buenos”. Simplemente se narra la manera en la que los habitantes de la región en cuestión, que es la situación del campo colombiano en general, terminan arrinconados en un callejón sin salida, teniendo que dedicarse a actividades laborales ilícitas para sobrevivir, como es el caso de Emilio el padre de Simón, viviendo el acoso de los dos bandos, que lejos de querer ejercer política en las regiones, se camuflan detrás de ideales ya extintos para apoderarse de los negocios que más dinero mueven en el país.
Foto de Angélica Morales Mora
He tenido cierta cercanía con personas que se dedican a la producción audiovisual. Y tengo la percepción de que el rodaje, a pesar de ser una experiencia fuerte, difícil y muy intensa, les encanta. Siempre los toca muy profundamente. Llena de curiosidad hice muchas preguntas al respecto, como queriendo encontrar en algún lugar la esencia de la película. Los habitantes de la zona conformaron gran parte del equipo técnico y artístico que participó del rodaje. Solo unas doce personas provenían de afuera, los de Bogotá por cuenta de Chirimoya Films y los Medellín por cuenta de Nación Latina Films. En vez de alojarse en un hotel, como ocurre en la mayoría de los casos, se hospedaron en un apartamento a unas ocho cuadras del parque principal de Ipiales. Se ríen mientras me hablan de haberse sentido en un reality, toda una convivencia extrema me dicen. Para que la película se sintiera lo más natural posible, Juan Carlos se empeñó en generar todo tipo de experiencias para que rolos y paisas se compenetraran con el lugar. Miguel recuerda el maíz tostao mezclado con chicharrón que vendían en cada esquina. Carlos, quien también participó de la preproducción, inauguró su inmersión en la atmósfera cultural muy festivamente, asistiendo al Carnaval de Negros y Blancos en el año 2010. Angélica resaltó el particular humor negro de los lugareños, de actitud humilde y tranquila. Escuché muchas historias de los tres, unas graciosas, otras bien trágicas, y aunque logré formarme una idea de lo que pudo haber sido la experiencia, seguía sin descifrar completamente en dónde estaba el secreto de la película. Porque “Jardín de Amapolas” trata una temática que ya ha aparecido en otras producciones, los estragos del conflicto armado en la población civil. Pero no quedé con la sensación de haber visto algo ya registrado en mi cabeza, no, ningún asomo de deyavú. Sé que una de las diferencias importantes es que no se vale de imágenes amarillistas, sangrientas y sensacionalistas para atraer al público, el morbo es siempre un gancho efectivo. Sin embargo no podía ser solamente eso, tenía que haber algún otro aspecto determinante. Así que se los pregunté directamente: ¿en dónde está la magia de este filme?

Foto de Angélica Morales Mora
Varios elementos se articulan para producir ese encanto intangible. Juan Carlos tenía mucha claridad del tipo de película que quería hacer, dice Miguel. Siente eso desde que leyó el guión por primera vez, hace un buen tiempo ya, en algún punto del año 2006. A eso le suma la acertada toma de decisiones y mucha suerte. Es una historia profunda con la capacidad de generar una reflexión desde el sentimiento, no desde los razón, agrega. Carlos y Angélica me hablaron de la firmeza y dedicación con la que los nariñenses participaron, aún sabiendo que no habría remuneración monetaria a cambio. Los impresionó de sobremanera el compromiso sin límites, la entrega total y desinteresada. Estuvimos de acuerdo en que, cada vez que se produce una obra de arte, el espectador no tiene idea de la cantidad de trabajo que hay detrás de ella. Y no tiene por qué saberlo. Hablar de los “sacrificios” realizados ante el público sería como mostrar la herida para pedir una moneda. Y no es esa la intención. Pero es posible que toda esa energía y disposición haya impregnado toda la producción con una fragancia inigualable.
Foto de Angélica Morales Mora
No hay ninguna política pública que favorezca a las películas, por lo cual se enfrentan solas a la inclemente dinámica comercial de las salas de cine actuales. Si el filme no es lo suficientemente taquillero, solo se mantiene en cartelera ocho escasos días. “Jardín de Amapolas” ya va por su segunda semana, y depende solamente de nosotros, los espectadores, que logre coronar una tercera. El país se congela y paraliza con un partido de fútbol de cualquier equipo nacional. Y muchos pregonan patriotismo y sentido de pertenencia. Adelante, pónganse las camisetas. Pero que esa unidad y esa solidaridad se extiendan a todas las manifestaciones culturales colombianas. Y que asistir a las salas de cine a ver películas colombianas de calidad se nos convierta en un hábito.

domingo, 11 de mayo de 2014

Conversación entre dos mentirosos

Asistir a un buen concierto, ver una película,
ir a una exposición de pinturas,
leer un libro de esos que no sueltan...
Hay infinidad de cosas que ha producido la humanidad
que se convierten en motivos vitales para uno mismo.
Tanto para colorear un poco los momentos más cotidianos,
como para hacer una revisión y reflexionar un poco
acerca del rumbo que está tomando nuestra propia vida...

Imagen extraida de www.kevinjohansen.com
Hace unos tres o cuatro años
conocí la música de Kevin Johansen.
No me acuerdo muy bien a través de quién
se dio aquél feliz descubrimiento.
Tuve la fortuna de poder asistir a un concierto suyo
acompañado por la banda The Nada
el cual tuvo lugar en Julio del 2011,
era un miércoles recuerdo,
y ocurrió en el escenario bogotano
al que más me gusta asistir:
la sala de conciertos de la Biblioteca Pública
Julio Mario Santodomingo.
En la distancia, desde Buenos Aires supongo,
su amigo Ricardo Siri Liniers, hacía dibujitos
que se proyectaban de vez en cuando
en la pantalla del fondo
mientras la música iba sucediendo.
Para ese entonces
no tenía yo muy presente a Liniers como ilustrador,
y tal vez por no estar físicamente con los otros artistas,
motando en el escenario, no llamó tanto mi atención.
Estaba sorprendidísima con el baterista,
un señor jorobado de unos 70 años,
el zurdo Roizner le dicen,
muy impecable y muy enérgico en su interpretación.
Ahí sí que aplica aquello de que el espíritu joven
es una cuestión de actitud
mucho más que de edad cronológica.
Quedé además muy impactada por la tranquilidad y soltura
con la que Johansen, y el resto de la banda,
estaban tocando las canciones.
Nada de egos, nada de nervios, nada de apariencias.
Ellos tal cual. Fue hermoso.

Imagen extraida de www.laeditorialcomun.com
Desde hace un tiempo ando interesada
en articular las tres cosas que más me gusta hacer:
componer, dibujar y escribir. En ello estoy trabajando.
Así que cuando una amiga, Johanna,
me contó de la conversación
que habría entre estos dos grandes
titulada CÓMO ILUSTRAR LA MÚSICA
que tendría lugar en el marco de la versión 27
de la Feria del Libro de Bogotá 2014 (FILBO),
no dudé ni un segundo en asistir.

Eso fue hace ya unos cuatro días.
A causa de la lluvia, mi fobia a las multitudes,
y otras ocupaciones que requieren de mi tiempo,
no asistí al concierto que los dos iban a dar hoy domingo,
dentro de la programación de la misma feria.
No me arrepiento.
El miércoles recibí lo que estaba esperando,
sin saberlo bien.
Porque escuché cosas que necesitaba escuchar.
Y porque salí tan sonriente y eufórica
como cuando voy a un concierto que me conmueve.
Fue un verdadero placer escucharlos conversar.

Imagen extraida de www.oncetv-ipn.net
Tanto Johansen como Liniers
son ya lo suficientemente exitosos, conocidos y famosos,
como para que este escrito tenga la pretensión
de contar a alguien acerca de su obra como artistas.
Pero, en caso de que no los hayan escuchado o visto,
sí espero que estas palabras
los animen a ahondar un poquito en ellos.
Incluyo los enlaces de sus páginas web.



Tampoco tengo la intención de transmitir lo que ocurrió
en esa conversación que fue una sola carcajada
para los que estuvimos allí.
Si se quieren reír un poco, y tienen una hora para dedicarse,
incluyo también el enlace de un video
que colgaron en youtube.


Lo que más quiero es darles mi punto de vista de aquél día
e incluir, como un collage que trataré de hilar,
algunas frases que quedaron resonando en mi cabeza
como una canción muy pegajosa.

Trabajando juntos

La interacción entre las diversas disciplinas artísticas
es una cosa muy interesante, y a la vez muy difícil.
Porque en cada una de las áreas
se desarrollan unos códigos comunicativos
que en ocasiones resultan herméticos, inentendibles,
comprensibles solo para quienes
están muy involucrados en el asunto.
Entonces los acuerdos pueden llegar a complicarse,
por un simple asunto de distancia
entre las formas de percibir y decir las cosas.
Pero a la vez sucede una cosa bellísima,
y es que esa misma diferencia se puede volver un alimento.
“Me gusta el hecho de que él hace algo que no se escucha,
y yo hago algo que no se ve. Así de simple”,
dice Johansen cuando le preguntan acerca del trabajo
que ha realizado con Liniers.
Su interacción profesional tiene como piso la amistad,
son dos personas que, por supuesto, son distintas,
Johansen habla de lo mucho que celebra la diferencia,
pero que a su vez logran encontrar un lugar común
en donde se entienden, en donde algo encaja, hay un click,
y sucede una especie de intersección única y cambiante.

Imagen extraida de www.dementesx.com
Además de la amistad, en la base de su interacción,
se encuentra la confianza.
Con anterioridad comparten ideas, intercambian opiniones,
pero nunca ensayan, siempre improvisan,
cada cual desde su lenguaje, producto de un largo proceso
construido a punto de disciplina y mucha pasión.
En cuanto a los egos...
El ego es el origen
de gran parte de las actitudes despreciables
que nos habitan como seres humanos...
Por suerte estos dos lo han sabido llevar,
sin mayores percances, al parecer.
“...siempre entre gente hay egos y hay peleas y esas cosas,
creo que es algo lamentable
y es algo de la pequeñez humana que no para de crecer,
y eso genera un poco de tristeza...”, nos dice Johansen.
Él mismo afirma creer que el ego
no ha sido mayor problema entre los dos,
por el hecho de haber llegado a la “fama”
ya pasados los treinta.
Sin duda es difícil tener la madurez
para saber sobre llevar el éxito,
cuando apenas se está en la adolescencia,
como ocurre con muchos “artistas” en la actualidad...

La profesión

La esencia de un ser humano,
y esta es una afirmación que aparece constantemente,
en estudios pedagógicos, sicológicos,
biológicos, sociológicos, filosóficos,
se construye en sus primeros años de vida,
a partir de los estímulos que recibe
de su contexto particular.
“Mis padres creo
que no se dieron cuenta lo que estaban haciendo.
Mi padre es abogado,
provengo de una familia relativamente tranquila.
Los dos (padre y madre)
son muy fanáticos del cine, del teatro, de la literatura.
Yo siempre los vi leyendo. Si uno quiere que los hijos lean,
te tienen que ver leyendo”.

Imagen extraida de www.editorialcomun.com
Así no fuera un acto 100% consciente,
Liniers tuvo una estimulación increíble
por parte de sus padres
transmitida a partir del simple ejemplo.
Son muy comunes las actitudes de padres y madres,
incluso maestras,
que exigen a los pequeños silencio a través del grito,
por ejemplo,
una incoherencia total entre lo que se dice y lo que se hace.
Niños y niñas tienen un pensamiento concreto,
el cual los lleva a entender y asimilar
las actitudes y los principios
a partir de lo que nos ven hacer,
no a través de lo que nos escuchan decir,
porque el lenguaje oral es un asunto abstracto,
lo cual no se corresponde
con la dinámica de funcionamiento
de niños y niñas muy pequeñ@s.
Pero hay un malentendido con esto,
porque el hecho de que no entiendan lo abstracto
no significa que sean tontos, no es para subestimarlos,
es para realmente comprenderlos,
no son adultos en miniatura.
Como además tienen la increíble capacidad
de fascinarse con una piedra de río cualquiera,
que puede llegar a ser una cosa maravillosa,
se les ofrece muy baja calidad
de libros, canciones, películas y demás,
si es que se les proporciona
algún tipo de estimulación artística.

Imagen extraida de www.editorialcomun.com
En cuanto a Johansen, fue gracias a su madre,
a quien menciona de manera constante,
que tuvo la oportunidad de ver, desde muy chiquito,
las obras de los grandes de la pintura,
Picasso, Matisse, Kandinsky.
Algo trató con el dibujo durante su adolescencia,
incluso una revista publicó una ilustración suya,
pero fue en la música en donde encontró su lugar, su nicho.
Bailaba toda la música que escuchaba en casa,
que era muy variada y de gran calidad.
“...siempre hablo mucho del baile
porque creo que es la forma más primal
de interpretar música,
nuestro cuerpo es el primer idioma...” 
Como a los 14 años fue matriculado
en clases de guitarra clásica,
y ahí fue en donde aprendió las primeras cositas.
Después de eso, ya no pudo dar vuelta atrás.
“La música es algo que no te abandona.
Lo que te queda, te queda para siempre”.

El humor

“El sentido del humor es el mecanismo de defensa
que tenemos las personas.
Somos los únicos animales que hacen chistes.
No pasa con las cebras eso.
Y lo que pasa es que eso está relacionado
a que también somos los únicos que sabemos
que nos vamos a morir,
y es como nuestra manera de resistirnos...”
Sin duda Liniers hace bromas permanentemente,
para reírse un poco de sí mismo, de lo que le sucede,
de sentirse un poco en la posición de Milhouse
con relación a Johansen.
Para sonreirle a la existencia, en lugar de llorar.
Y como quiere vivir de dibujar,
y como es un ser solidario que quiere compartirnos
ese mecanismo de defensa que él utiliza,
pues se dedica a hacer tiras cómicas sin parar.

Imagen extraida de www.kevinjohansen.com
El humor, además de ser un mecanismo de defensa
es una forma expresiva que exige agudeza, inteligencia,
saber ir más allá.
“El humor obliga a una segunda lectura, a profundizar,
la ironía siempre digo que es como tristeza disfrazada,
es como un burka, es como un velo bajo el cual
uno puede decir las verdades más tremendas”.
Son las palabras de Johansen.
Algo muy similar opina Liniers,
y lo dice de una manera muy particular
que podría llegar a escandalizar a más de uno.
“...hay una frase de Bernard Shaw que dice 
que cuando algo es gracioso,
obsérvese bien para encontrar una verdad escondida.
Mi teoría es, toda esa gente
(refiriéndose a los grandes artistas
cuyas obras maestras han sobrevivido por generaciones)
son mentirosos todos,
son como los mejores mentirosos del mundo...”
Un artista, por mucho humor que utilice,
por mucho placer que pueda llegar a producir,
tiene puntos de vista críticos con respecto al mundo,
al sistema, a la sociedad,
y el humor se convierte en un medio increíblemente amplio
para desbocar toda la creatividad contenida
y decir lo indecible.
“...Quino hizo esa mentira (Mafalda)
y adentro de esa mentira, que es un personaje de ficción,
esconde estas verdades ocultas.
Y si uno se entrena
a descubrir y a encontrar esas verdades,
después cuando te quieren meter la mentira (la identificas).
Porque por el otro lado es al revés,
en la ficción te mienten para decirte la verdad.
Los políticos, los medios, te dicen la verdad para mentirte.
Creo que es opuesto. A mí me gustan más los escritores.
Los mentirosos que dicen la verdad.” 

Imagen extraida de www.pieldegallina.blogspot.com
Quedo un poco en deuda,
porque quería hablar de los sueños hechos realidad,
de la armonía y de la calidad humana
indispensables para hacer trabajos colectivos.
De muchas cosas. Pero ya he dicho bastante igual.
Espero haberlos antojado lo suficiente,
como dice un amigo por ahí.
Un aplauso ruidoso y una risotada sincera
para Liniers y para Johansen.
Ojalá nos vuelvan a visitar muy pronto.

Silvia.

domingo, 27 de octubre de 2013

Otros paisajes

En el año 2009
se estrenó la película
EL VUELCO DEL CANGREJO.


Yo fui a verla porque conozco a Miguel Vargas,
el sonidista.
Tal como mi madre
tengo la manía de las comparaciones,
ella a su manera, yo a la mía.
Viendo EL VUELCO
me acordé mucho de cuando,
muchos años atrás,
vi EL OLOR DE LA PAPAYA VERDE.
Para ese entonces yo sentí
que esa era una película
muy diferente a todas las demás.
Muchas imágenes, pocas palabras.
Un ritmo laaargo y sostenido,
contadas acciones.
Una relación de similitud conmigo misma,
por aquello de la velocidad,
y un claro contraste con mi caracter,
por aquello de la escasez de palabras.


En el 2011 estuve viviendo en Villavicencio.
Fue una experiencia increíble,
y muy difícil también.
Con tan solo un año de estadía
pude dimensionar un poco más país,
pude darme cuenta de lo cerrada que puede ser
la percepción que se tiene del territorio
viviendo toda la vida en la ciudad,
en la capital,
perteneciendo a la cómoda clase media.
Tengo muy claro que no quiero vivir en Villavicencio.
Pero quedé con muchas ganas
de seguir conociendo el país.
Tal vez el mundo entero.

Foto extraida de www.panoramio.com
Hoy fui a las salas de cine
del centro comercial Avenida Chile
a ver CAZANDO LUCIÉRNAGAS.
Otra vez Miguel involucrado en la producción,
esta vez como director de sonido.
Él, en un lindo gesto, me invitó.
Y yo asistí por él, claro está,
pero también porque me parece importante
apoyar el cine colombiano.
Voy poco a salas de cine,
aunque me encantan las películas,
pero cuando es una producción colombiana,
hago juiciosa la tarea.
Porque si la película no es vista
la bajan de cartelera
y más personas pierden la posibilidad
de verla.
No es nacionalismo,
muchísimo menos un COLOMBIA ES PASIÓN.
Es un simple lema que rige mi vida.
Si yo quiero que la gente
asista a un concierto para escucharme
yo quiero hacer lo mismo con los otros.
Porque si predico, aplico,
porque la cosecha depende de la siembra.


Pero yo quiero es hablar del país.
Porque eso fue lo que quedó resonando en mi cabeza.
Así son las regiones de Colombia.
Abandono.
Paisajes alucinantes.
Soledad.
Calma y tranquilidad.
Limitaciones.
Pocas expectativas de vida.
Resignación.
Recursos naturales al infinito.

Últimamente, con todo este asunto
del PARO AGRARIO CAMPESINO
he conversado con amigos y amigas
de la triste situación del campo colombiano.
Los campesinos no obtienen lo suficiente
y unos pocos ganan por montón.
Y entonces se convierte en ideal de vida
venir a vivir al monstruo.
Porque aquí está el movimiento económico,
aquí están las posibilidades laborales,
aquí está la actividad cultural.
Estando en el llano
yo vi mucho dinero a mi alrededor
pero tan mal invertido,
tan malgastado...
Se ve como aceptable
un único modelo de vida,
no hay chance de ser un poquito diferente.
Esta peli de las luces voladoras
me hizo recordar de mi deseo 
de seguir conociendo más país,
porque ya lo había olvidado.
Es que al estar lejos de la capital
la extrañé tan profundamente
que al principio hasta disfrutaba
que me estrujaran en el transmilenio.

Foto extraida de www.semana.com
Pero este asunto del campo
es una conversación larga y compleja.
Y yo en realidad lo que quiero decirles
es que recomiendo ver esta película.
Porque el PARO AGRARIO CAMPESINO
no ha cesado.
Es una actitud que podemos conservar.
Comprando nacional.
Consumiendo nacional.
Difundiendo nacional.
Ser colombiano
no se trata solamente
de ponerse una camiseta color sol.

LAS PELÍCULAS NACIONALES SON ORO.